Xisco Cardona, un juguete roto de la política

He tenido que dejar pasar unos días para comprobar que lo que estaba leyendo era, efectivamente, lo que estaba leyendo. Porque hay artículos que no indignan por lo que dicen, sino por quien los firma. Me refiero al que bajo el título «𝑆𝑎𝑛𝑡 𝐴𝑛𝑡𝑜𝑛𝑖, 𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑚𝑜𝑛𝑖 𝑦 𝑀𝑒𝑛𝑜𝑟𝑐𝑎» y firmado por Xisco Cardona se publicó el pasado día 16 de enero en este periódico.

Resulta que el responsable de traicionar a los votantes de Vox en Menorca, renunciando a representarlos y aprovecharse de esos votos para recibir un sueldo mensual del Parlament, es precisamente el que se atreva a afirmar que lo que queda de Vox en Menorca son «𝘳𝘦𝘨𝘢𝘴𝘵𝘢𝘦𝘴». Es de dominio público que el Sr. Cardona está mendigando un puesto en el PP en las próximas elecciones, seguramente para garantizarse su sueldo actual. Y en su afán para agradar y adular al PP y lo tengan en cuenta, se arrastra por puro interés personal y económico, demostrando no tener ideología, ni dignidad ni honra. Incluso, en su esfuerzo por agradar, ya escribe sus artículos en catalán estándar, cosa impensable hace tiempo.

El Sr. Cardona cree conveniente y absolutamente necesario descalificar a Vox, el partido que le dio la oportunidad de estar donde está, para contentar al PP.

Vox cometió el error de confiar en él, estamos pagando las consecuencias de ese error, pero no podemos consentir que encima intente desacreditarnos. Digo «intente» porque es evidente que un Sr. que solo se representa a sí mismo, que no aporta nada a los menorquines y necesita desprestigiar a quienes lo ha aupado en el puesto que ocupa para tener notoriedad, sus desprecios no tienen repercusión entre los votantes.

Resulta cuando menos llamativo, que quien hoy se erige en crítico feroz de Vox y defensor de mayorías «estables» del PP, ocupe su cargo actual precisamente gracias a los votos de Vox. No llegó ahí como independiente, ni como figura transversal, ni como consecuencia de una trayectoria profesional incontestable. Llegó gracias a unas siglas a un programa y a unos votantes que confiaron en una opción política determinada. Y, sin embargo, una vez asegurado el sillón los traicionó y los abandonó no sin antes haber dinamitado la estructura del partido en Menorca del cual era su coordinador, alimentando rencillas internas y dejando «𝘴𝘦𝘴 𝘳𝘦𝘨𝘢𝘴𝘵𝘢𝘦𝘴» que ahora critica con desprecio y que son el resultado de su propia herencia.

Parece que el diputado no adscrito no ha entendido nunca que Vox no está para ser la muleta del PP ni de nadie. No está para dar estabilidad a nadie y menos si esta estabilidad es para contribuir a seguir haciendo lo mismo que hacía la izquierda. Vox hace política para intentar cambiar las cosas y por eso se encuentra con las reticencias del bipartidismo, acostumbrados a hacer lo de siempre. Además, y esto se ha comprobado en numerosas ocasiones, sólo si está Vox y sus votos son necesarios, las cosas cambian de verdad. No se puede confiar en que el PP por sí solo, promueva e impulse los tan necesarios cambios en política educativa, lingüística, económica, etc…   La falta de claridad en las cosas, la falta de atrevimiento y los complejos que históricamente han caracterizado al PP, requieren de un Vox fuerte que les obligue a aplicar un cambio real de políticas.

El Partido Popular en las próximas elecciones, para la confección de sus listas decidirá lo que considere más oportuno. Quizá atienda los deseos del Sr. Cardona y opte por pagarle los favores, allá ellos con sus decisiones y las consecuencias que de ello deriven. No obstante, el PP debería ser consciente que la incorporación de este Sr. no va a suponer ningún voto adicional de Vox. Bien al contrario, nadie que haya votado a Vox en las pasadas elecciones, votará una lista donde esté Xisco Cardona. El votante de Vox se siente muy dolido, engañado y utilizado por esta persona. Es más, quizás tendríamos que agradecerlo porque supondría una movilización extra de nuestros votantes. Los menorquines no necesitamos lecciones de moral política de personas que se presentan con un programa electoral de un partido y por conveniencias personales cambian de camisa y pasen a defender otro por el que no fueron votados. Los menorquines queremos representantes fiables, que sean fieles a aquello que dijeron defender cuando pidieron el voto. Porque si algo erosiona de verdad la confianza ciudadana no es la confrontación ideológica sana y sincera, sino la traición de la voluntad popular, por puro interés personal y económico como es el caso. Y eso, por mucho Sant Antoni que se invoque no hay hoguera que lo purifique.

Pedro Marqués

Coordinador Vox Menorca

(1) Facebook Vox Menorca

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